Animales en la ciudad: un reto creciente para la convivencia

Foto: Christian Bolaños

Las ciudades siempre han convivido con animales. Antes lo hacían de manera más visible: caballos en las calles, gallinas en los patios, perros de trabajo en los mercados. La urbanización fue relegando esa presencia animal a los márgenes, pero nunca la eliminó. Hoy, en un movimiento que combina cambios demográficos, transformaciones en los modelos de familia y una nueva relación afectiva con el mundo animal, los animales han vuelto al centro de la vida urbana de una manera que los gestores públicos no habían anticipado del todo. Las ciudades se enfrentan a un reto nuevo relacionado con el espacio, la normativa, la convivencia y la equidad en el uso del entorno compartido.

En este artículo analizamos esa realidad desde dos ángulos complementarios. Por un lado, el de la fauna sinantrópica: los animales no domésticos —palomas, gaviotas, cotorras, jabalíes— que han encontrado en la ciudad un hábitat estable y cuya gestión plantea dilemas entre el control de poblaciones, la salud pública y el bienestar animal. Por otro, el de las mascotas, y en particular los perros, cuyo crecimiento sostenido en los últimos años está redibujando el uso del espacio público en las principales ciudades españolas y europeas.

La fauna que nadie invitó

La ecología urbana utiliza el término fauna sinantrópica para referirse a los animales no domésticos que han establecido una relación estrecha y estable con el entorno humano, especialmente con el espacio urbano transformado por el ser humano. Las palomas son su ejemplo más visible y antiguo. Su presencia en las ciudades data de décadas. Ya en los años setenta y ochenta comenzaron a documentarse los daños que sus excrementos, altamente corrosivos por su contenido en ácido úrico, provocaban en edificios, monumentos históricos y materiales como la piedra caliza, el mármol o el cobre. En los años noventa, la preocupación se extendió a la salud pública al identificarse a las palomas como portadoras de enfermedades transmisibles que afectan a las vías respiratorias.

A partir de 2010, el fenómeno se convirtió también en un problema de convivencia vecinal. La alimentación regular de colonias por parte de algunos ciudadanos, práctica afectuosa para quienes la ejercen, pero generadora de conflicto para quienes soportan sus consecuencias, pasó a ser objeto de regulación municipal. Hoy, ciudades como Madrid, Sevilla, Valencia o Terrassa contemplan en sus ordenanzas sanciones de hasta 750 euros por alimentar a palomas en el espacio público. Algunas, como Santa Cruz de Tenerife, elevan esa cifra hasta los 1.500 euros. El Ayuntamiento de Barcelona, por su parte, mantiene un enfoque más permisivo: su ordenanza no prohíbe la alimentación de palomas, aunque sí sanciona con hasta 600 euros el deterioro del espacio público derivado de esa práctica.

El debate sobre cómo gestionar estas colonias ha evolucionado significativamente. Los métodos de control que se aplicaron en décadas anteriores han cedido terreno ante enfoques más sostenibles que también responden a la presión de los movimientos en favor del bienestar animal. El pienso anticonceptivo, distribuido en dispensadores ubicados en zonas con colonias estables, y la esterilización de huevos son hoy las alternativas preferidas por muchos ayuntamientos. El Ayuntamiento de Terrassa, socio de FEPSU, lanzó en 2024 la campaña «No alimenteu els coloms», un ejemplo de cómo la comunicación ciudadana se convierte en herramienta de gestión de la convivencia. Zaragoza hizo algo similar en 2021 bajo el lema «Sus sobras alimentan a las plagas». Dos ciudades, dos enfoques comunicativos distintos, un mismo objetivo.

El boom de las mascotas: una tendencia estructural

Si la fauna sinantrópica plantea retos de gestión que las ciudades llevan décadas intentando resolver, el crecimiento de las mascotas, y en especial de los perros, representa un fenómeno más reciente en su escala actual, aunque igualmente complejo en sus implicaciones para la convivencia urbana. 

Los datos son elocuentes. En España hay aproximadamente 9,5 millones de perros censados, lo que sitúa al país en el cuarto lugar europeo en población canina, solo por detrás de Rusia, Reino Unido y Alemania. Sumando todas las especies: gatos, aves, peces, reptiles y pequeños mamíferos, la patronal del sector ANFAAC estima que hay más de 30 millones de mascotas en el país, cifra que equivale al 61% de los hogares españoles conviviendo con al menos un animal de compañía. El sector económico asociado a su cuidado facturó 5.770 millones de euros en 2025, con un crecimiento del 8,3% respecto al año anterior, generando unos 75.000 empleos directos.

Este crecimiento no es exclusivamente español. En Europa hay 106,4 millones de perros censados como mascotas, una cifra que creció en más de dos millones solo en el último año, según datos de FEDIAF (la federación europea del sector). En Bélgica, el porcentaje de hogares con perro pasó del 24% en 2021 al 31% en 2024. En términos generales, el continente alberga 352 millones de mascotas de todas las especies, repartidas en 166 millones de hogares. El fenómeno responde a causas estructurales que trascienden las fronteras: reducción del tamaño de los hogares, descenso de la natalidad, cambios en los modelos de convivencia y una redefinición del vínculo entre las personas y los animales de compañía, que en muchos hogares han pasado a ocupar el lugar afectivo que antes correspondía a otros miembros de la familia. En España, por cada niño menor de cuatro años existen hoy seis animales de compañía según señala el diario El Mundo combinando datos del INE y de la REIAC (Red Española de Identificación de Animales de Compañía). El dato no admite interpretaciones morales fáciles, pero sí refleja una transformación social de primer orden.

Cuántos perros caben en una ciudad

El número absoluto de perros en una ciudad dice poco si no se pone en relación con la población y, sobre todo, con la superficie disponible. No es lo mismo gestionar la presencia de perros en una ciudad extensa con amplias zonas verdes que en un municipio densamente poblado donde el espacio público es un bien escaso y disputado. Para ilustrar esta realidad proponemos construir un indicador sencillo: el número de perros por kilómetro cuadrado.

Madrid, con sus 604 kilómetros cuadrados de superficie municipal, cuenta con 323.175 perros censados según los datos de 2024 del Ayuntamiento, actualizados a partir del registro del Colegio Oficial de Veterinarios. Esto equivale a aproximadamente 535 perros por kilómetro cuadrado, y a un perro por cada once habitantes. Barcelona, con una superficie de apenas 101 kilómetros cuadrados, tiene censados cerca de 180.000 perros: una densidad de aproximadamente 1.780 perros por kilómetro cuadrado, más de tres veces la madrileña, en una ciudad que ya acumula cerca de 17.000 habitantes por kilómetro cuadrado. El contraste explica, en buena medida, por qué la presión sobre el espacio público es tan distinta en ambas ciudades y por qué las soluciones de gestión tampoco pueden ser las mismas.

El caso de los municipios del entorno metropolitano de Barcelona añade otra capa al análisis. L’Hospitalet de Llobregat, con apenas 12,5 kilómetros cuadrados y una densidad de población de más de 18.000 habitantes por kilómetro cuadrado, una de las más altas de España y de Europa, o Santa Coloma de Gramenet, con más de 16.000 habitantes por kilómetro cuadrado, son ciudades donde el espacio público es un recurso extremadamente limitado. En ese contexto, la presencia de perros sin los espacios adecuados para su esparcimiento no es un problema de bienestar animal únicamente: es un problema de convivencia que afecta a toda la comunidad. 

Un factor adicional complica el análisis: los censos no son fiables del todo. La entrada en vigor de la Ley 7/2023 de Bienestar Animal, aprobada en marzo de 2023, provocó un efecto regularizador masivo. En Madrid, el número de perros censados creció un 17,7% en 2023 respecto al año anterior, un incremento que los expertos atribuyen en parte al miedo a sanciones que llevó a muchos propietarios a registrar animales que llevaban años fuera del sistema. Esto significa que los datos anteriores a 2023, probablemente, subestimaban la población canina real en la mayoría de ciudades españolas.

La dog tax: lo que España no cobra y Europa sí

En varios países del centro y norte de Europa, la tenencia de perros lleva aparejado el pago de una tasa anual que financia los servicios municipales asociados: mantenimiento de parques caninos, instalación de papeleras con dispensadores de bolsas, gestión de animales abandonados y otros gastos derivados de la presencia de perros en el espacio público. 

El modelo más consolidado es el alemán. La hundesteuer, literalmente, «impuesto sobre el perro», es de aplicación obligatoria en todos los municipios del país y varía entre los 30 y los 150 euros por el primer animal, con incrementos para perros adicionales y tarifas especiales para razas catalogadas como potencialmente peligrosas. En ciudades como Berlín o Frankfurt oscila entre los 100 y los 120 euros anuales. En conjunto, la tasa canina recauda en Alemania alrededor de 421 millones de euros al año. Suiza aplica un sistema cantonal con tasas de entre 50 y 150 francos. Austria sitúa la horquilla entre 30 y 80 euros anuales, con valores más elevados en Viena. Los Países Bajos mantienen una tasa similar, conocida como hondenbelasting, de entre 60 y 150 euros.

España no dispone de ninguna tasa nacional equivalente. Algunos municipios lo han intentado con resultados discretos: Zamora introdujo una tasa de nueve euros anuales en 2019, la retiró al cabo de unos años tras declarar que «había cumplido su función», y la experiencia no encontró continuidad significativa en otros municipios. Gijón y Palencia exploraron opciones similares sin llegar a implantarlas de forma estable. 

El debate, sin embargo, está vivo. La Ley 7/2023 de Bienestar Animal establece que los municipios promoverán el acceso de animales a playas, parques y otros espacios públicos, lo que implica costes de habilitación y mantenimiento que actualmente recaen sobre el conjunto de la ciudadanía, independientemente de si tiene o no mascota. En ese contexto, algunos expertos plantean si tiene sentido avanzar hacia un modelo de financiación más similar al europeo. Los argumentos en contra no son menores: mantener un perro en España cuesta ya alrededor de 1.200 euros anuales de media, y añadir una tasa podría resultar regresivo para hogares con menor capacidad económica.

La respuesta local: ordenanzas, espacios y educación ciudadana

Ante la ausencia de un marco nacional uniforme que vaya más allá de las obligaciones de la Ley de Bienestar Animal, son los municipios los que asumen la gestión cotidiana de la convivencia entre personas y animales en el espacio público. El resultado es un mosaico regulatorio muy heterogéneo con enfoques que varían significativamente incluso entre ciudades próximas y con realidades urbanas similares.

Barcelona representa uno de los modelos más elaborados. Su Ordenança sobre la Protecció, la Tinença i la Venda d’Animals (OPTVA) se complementa con la Oficina de Protecció dels Animals de Barcelona (OPAB), creada en 2009, que centraliza la gestión del censo, las licencias, las quejas y las sanciones relacionadas con animales. La ciudad cuenta con más de 200 espacios habilitados para perros, entre áreas específicas y las Zones d’Ús Compartit (ZUC) implantadas en 2023, con al menos una en cada uno de los 73 barrios de la ciudad. En estas zonas, durante franjas horarias determinadas, los perros pueden circular sin correa siempre que estén bajo el control visual de su responsable. Fuera de estos espacios, la correa es obligatoria en toda la ciudad. La inscripción en el censo es gratuita.

L’Hospitalet de Llobregat dispone de una ordenanza municipal propia que regula al detalle las condiciones de conducción de animales en el espacio público, los espacios de recreo canino, la gestión de colonias de gatos ferales y el acceso de animales a establecimientos. Madrid prohíbe la entrada de perros a zonas infantiles de plazas y publica anualmente un censo de animales domésticos por distrito a través de su portal de datos abiertos, lo que permite un seguimiento de la evolución de la población canina con un nivel de detalle inusual entre las grandes ciudades españolas. Terrassa, además de la campaña sobre palomas ya mencionada, gestiona el censo de animales de compañía a través de su propio servicio municipal y dispone de una ordenanza específica sobre protección y tenencia de animales.

La Ley 7/2023 de Bienestar Animal, en vigor desde septiembre de 2023, ha supuesto un salto cualitativo en el marco regulatorio estatal. Entre sus novedades más relevantes para la convivencia urbana destacan la obligatoriedad del seguro de responsabilidad civil para todos los perros, pendiente aún de desarrollo reglamentario, la exigencia de un curso de formación para nuevos titulares de perros, la prohibición de la venta en tiendas físicas y la ampliación del acceso de mascotas a transportes y establecimientos públicos. La ley delega en los municipios la determinación de los espacios habilitados para el esparcimiento de animales, lo que refuerza el papel de los ayuntamientos como actores principales en la gestión de esta realidad.

Desde FEPSU entendemos que la convivencia en las ciudades se construye también en los pequeños gestos cotidianos: en la acera compartida, en el parque, en el portal del edificio. La presencia creciente de animales en el espacio urbano no es ni buena ni mala en sí misma: es una realidad que las ciudades deben gestionar con criterio, con recursos y con la participación de todos los actores implicados. Las administraciones locales, como principales responsables de ese espacio compartido, necesitan herramientas normativas, financiación adecuada y mecanismos de evaluación que les permitan responder a una realidad que no ha dejado de crecer y que todo indica que seguirá haciéndolo.

«Queremos que Murcia sea un laboratorio vivo donde probar soluciones que luego escalen a nivel internacional»

Foto: Chus Garcia via Pexels

La ciudad de Murcia forma parte de las últimas incorporaciones a la red del FEPSU y Efus. Dentro de su experiencia dentro del ámbito de la seguridad y la convivencia destaca su recorrido en los proyectos europeos, los cuales representan una oportunidad única para cooperar con otras instituciones en pro de la seguridad urbana y la convivencia.

Hoy hablamos con Fulgencio Perona Paños, Concejal de Seguridad Ciudadana y Emergencias del Ayuntamiento de Murcia sobre la ciudad y su participación en proyectos europeos. Entre sus atribuciones como concejal figuran la coordinación directa de las políticas locales en materia de policía, protección civil y emergencias, apostando por una estrategia integral de seguridad que combine prevención, innovación, proximidad y cooperación europea.

Fulgencio Perona Paños, Concejal de Seguridad Ciudadana y Emergencias del Ayuntamiento de Murcia

¿Podría describirnos cuales son los principales retos de seguridad y convivencia en la ciudad de Murcia?

Murcia es una ciudad diversa, dinámica y con una importante expansión demográfica y territorial —con 59 pedanías que conviven con el núcleo urbano. Esto plantea retos complejos como la prevención del delito en entornos rurales, la lucha contra el discurso de odio, la protección de grupos vulnerables, la gestión de espacios públicos y la adaptación de nuestros servicios de seguridad a fenómenos emergentes como la ciberdelincuencia, el crimen organizado transnacional o el uso de sustancias como las drogas de sumisión química.

A ello se suman desafíos de convivencia y cohesión social que exigen un enfoque preventivo, colaborativo e inclusivo.

¿Qué motivaciones o circunstancias despertaron el interés de la ciudad de Murcia por involucrarse en proyectos europeos en materia de seguridad?

La creación del Departamento de Proyectos Europeos de la Policía Local de Murcia en febrero de 2020 marcó un punto de inflexión. Fue una decisión estratégica para proyectar internacionalmente nuestro modelo de policía de proximidad, captar financiación para desarrollar soluciones innovadoras y posicionar a Murcia como una ciudad referente en seguridad urbana a nivel europeo.

La pandemia, los retos globales en seguridad y la necesidad de modernizar nuestras capacidades operativas reforzaron esta apuesta. Hoy podemos afirmar con rotundidad que fue una decisión acertada: hemos pasado de no tener presencia internacional a liderar pilotos en ámbitos tan sensibles como la lucha contra la trata de seres humanos y el crimen organizado, la mitigación y persecución de delitos de odio, tanto en el plano físico como en el ámbito online, la protección de espacios públicos o el desarrollo de tecnología pionera en Europa.

¿Qué valor aporta y recibe la Policía Local de Murcia en su participación en proyectos europeos? ¿Cómo repercute en la gestión de los desafíos locales? 

La participación en proyectos europeos ha sido clave para dotar a nuestra Policía Local de formación avanzada, equipamiento de vanguardia y una red de colaboración transnacional. Además, nos ha permitido situarnos al día en normativas, buenas prácticas y soluciones tecnológicas en constante evolución.

Gracias a estos proyectos, Murcia ha podido pilotar herramientas de análisis predictivo, formación en delitos de odio y ciberviolencia, sistemas de vigilancia inteligente o tecnologías de detección precoz de sustancias como el GBL o GHB. La repercusión es directa: estamos mejor preparados, somos más ágiles en la toma de decisiones y ofrecemos una respuesta más eficaz, inclusiva y basada en evidencia.

¿Podría proponer ejemplos de acciones preventivas y/o de respuesta a problemáticas de seguridad y convivencia en su ciudad fruto de la participación en proyectos europeos?

En la actualidad participamos activamente en 10 proyectos europeos con una enorme variedad temática. Entre ellos, destacaría:

  • VANGUARD: proyecto de lucha contra la trata de seres humanos, que nos ha permitido formar a nuestros agentes en detección y atención a víctimas en entornos urbanos.
  • DISMANTLE: centrado en delitos de odio, donde Murcia lidera la implementación de políticas integrales de no discriminación y formación especializada en prevención.
  • PARTES y PARTESS-COM: proyectos para proteger lugares de culto y espacios públicos frente a amenazas terroristas, que han facilitado la realización de simulacros en colaboración con cuerpos nacionales e internacionales.
  • ARMADILLO: en el que desarrollamos un dispositivo portátil de detección de drogas de sumisión química que posiciona a Murcia como ciudad pionera a nivel europeo.
  • PHYGITAL OC: que nos permiten trabajar en herramientas de análisis del crimen organizado y tecnologías híbridas de seguridad.

En todos ellos, Murcia no solo participa: lidera pilotos, acoge reuniones internacionales y traduce los resultados a intervenciones prácticas en el territorio.

Desde su experiencia, ¿qué recomendaciones daría a otras ciudades que valoran participar en proyectos europeos, pero que se ven frenadas por las posibles barreras administrativas, de recursos o de capacidad técnica?

Les diría que se puede. Murcia es el ejemplo perfecto de que una ciudad media puede convertirse en un actor clave en la seguridad europea si hay una apuesta política decidida, un equipo técnico competente y una visión a medio plazo.

El primer paso es crear una unidad estable con formación específica en gestión de proyectos europeos, conectarla con la operativa policial real y establecer alianzas con universidades, ONGs y otras administraciones. No se trata de llenar formularios: se trata de transformar la manera en que diseñamos políticas de seguridad.

También recomendaría apoyarse en redes como FEPSU o EFUS, que facilitan la transferencia de conocimiento y la identificación de convocatorias relevantes.

¿Cómo valora el papel de la innovación tecnológica en el futuro de la seguridad urbana y qué papel juega Murcia en este ámbito?

La innovación tecnológica ya no es una opción, es una necesidad. En un escenario donde los riesgos evolucionan con rapidez —desde la radicalización digital hasta el uso de drogas como el GHB en contextos de ocio nocturno— necesitamos herramientas que estén a la altura del reto.

Murcia está liderando esta transición desde la escala local. No solo participamos, sino que desarrollamos tecnología junto a universidades, startups y centros europeos de excelencia. El mejor ejemplo es el prototipo de dispositivo de detección de sumisión química que estamos validando gracias al proyecto ARMADILLO: una tecnología con aplicación real que salva vidas y que está despertando interés en toda Europa.

Queremos que Murcia sea un laboratorio vivo donde probar soluciones que luego se escalen a nivel internacional.

¿Qué papel juegan la ciudadanía y los actores comunitarios en los proyectos europeos que impulsa Murcia?

Un papel central. La seguridad no puede imponerse, debe construirse desde la confianza, la participación y la escucha activa. En nuestros proyectos, involucramos a asociaciones vecinales, colectivos vulnerables, líderes religiosos, personal docente y entidades sociales desde el diseño hasta la evaluación.

Creemos en una seguridad hecha con la ciudadanía, no solo para ella. De hecho, muchos de nuestros pilotos —como los desarrollados en el marco de DISMANTLE o VANGUARD— incluyen metodologías participativas que nos ayudan a adaptar las intervenciones a las realidades específicas de cada barrio, cada cultura y cada necesidad.

El enfoque comunitario no es un complemento, es la base sobre la que se construye la seguridad sostenible.

La persuasión sutil de los nudges: una herramienta para la convivencia

Foto: Google Deepmind via Pexels

Las decisiones que tomamos cada día, por pequeñas que parezcan, tienen un impacto real en el bienestar colectivo. Nuestras elecciones son un ingrediente más en la configuración del clima social en el que vivimos. A menudo pensamos en la convivencia como un marco abstracto o normativo, pero en realidad es una concreción cotidiana, hecha de actos voluntarios, omisiones y gestos que se repiten o se corrigen. Su estado no se decide, no únicamente, mediante grandes pactos políticos o laberínticas legislaciones, sino a través de miles de microdecisiones que tomamos individualmente.

En este artículo viajaremos al universo de lo micro. Pondremos toda nuestra atención en los pequeños detalles. Asumiremos, en un claro ejercicio de humildad, que todo lo que nos rodea influye en nuestras elecciones diarias. Bienvenidos/as al sutil mundo de los nudges.

¿Por qué hacemos lo que hacemos?

Idealmente, aquello que hacemos, el fruto de nuestras decisiones, proviene de un proceso racional mediante el que ponderamos lógicamente nuestras opciones. De esta manera, minimizando los agravios y optimizando los logros, decidimos actuar de una forma u otra. En este escenario, planificamos a largo, disponemos de toda la información relevante y si las condiciones no cambian, tampoco lo hacen nuestras decisiones. Durante muchos años, según los postulados de la economía clásica, esta ha sido la explicación a por qué hacemos lo que hacemos. Esta visión fue exportada a disciplinas más allá de la economía gracias a la teoría de la elección racional (rational choice theory).

Pero lo cierto es que las cosas no siempre son así. No siempre sabemos lo que queremos y casi nunca hacemos cálculos perfectos. Así lo entiende la economía conductual. Surgida a partir del trabajo de psicólogos como Daniel Kahneman y Amos Tversky, entre otros, critica varios supuestos centrales de la elección racional. En primer lugar, demuestra que las personas tienen una racionalidad limitada: no acceden a toda la información, no procesan todo lo que saben, y muchas veces se conforman con la primera opción que parece suficientemente buena. En segundo lugar, revela que estamos profundamente influidos por sesgos cognitivos como el exceso de confianza o la aversión al riesgo. Estos sesgos llevan a decisiones sistemáticamente predecibles pero irracionales.

Además, la economía conductual subraya que el contexto en el que se presentan las decisiones (arquitectura de elección) cambia profundamente nuestras elecciones. También señala que las normas sociales, las emociones y la presión del entorno influyen tanto o más que los cálculos racionales. Esto desmonta la idea de que actuamos de forma independiente y puramente estratégica. Lejos de ser máquinas de decidir, para lo bueno y para lo malo, somos humanos, con emociones, costumbres, miedos y contradicciones. De esta manera, la economía conductual no niega que podamos ser racionales en ciertos momentos, pero sí demuestra que no lo somos siempre ni en todos los ámbitos. Por eso, propone modelos más realistas del comportamiento humano que integran lo emocional, lo social y lo contextual. La racionalidad, por más bonito que suene, no siempre preside la mesa cerebral en la que se pactan nuestros actos. Con el debido respeto, presuponer que la razón es el carburante único y final que nos mueve, probablemente, sea un exceso de optimismo al límite de la ingenuidad.

Este reconocimiento abre un área de influencia sobre el comportamiento de las personas sin recurrir a la imposición o la coacción. Si entendemos cómo decidimos realmente, podemos diseñar entornos y contextos que orienten las elecciones hacia opciones más beneficiosas, tanto a nivel individual como colectivo.

Un leve empujoncito

En 2008 se publica Nudge: Improving decisions about health, wealth and happiness. En este libro, Richard H. Thaler y Cass Sunstein desarrolllan el concepto de nudge, en español: empujón. Lo definen como cualquier aspecto de la arquitectura de elección que altera el comportamiento de las personas de manera predecible, sin prohibir ninguna opción ni cambiar significativamente sus incentivos económicos.

Los nudges se caracterizan por ser intervenciones sutiles pero efectivas, diseñadas para influir en el comportamiento de las personas sin imponer ni prohibir nada. Su esencia radica en modificar la arquitectura de la decisión, es decir, el contexto en el que se presentan las opciones, para que la alternativa más beneficiosa o socialmente deseable sea también la más fácil o intuitiva de elegir. A diferencia de las medidas coercitivas, el cumplimiento de una ley o la amenaza de una sanción, los nudges preservan la libertad de elección: la persona debe seguir siendo libre de decidir, pero es orientada de forma suave hacia una determinada opción.

Otra característica fundamental es que no modifican significativamente los incentivos económicos. Es decir, no consisten en premios ni castigos materiales, sino en pequeños ajustes en la manera de presentar las opciones. Además, para que un nudge sea éticamente aceptable, Thaler y Sunstein insisten en que debe ser fácil de evitar, transparente, reversible y diseñado en beneficio del individuo. En este sentido, no se trata de manipulación, sino de una forma de guía suave que busca facilitar decisiones más acertadas sin eliminar la capacidad de decidir libremente.

En 2010, en el Reino Unido, el gobierno británico envió cartas a contribuyentes que no habían realizado el pago de sus impuestos en el periodo voluntario. En esas cartas, lejos de exponer las consecuencias negativas del impago y los procesos de cobro por la vía ejecutiva, simplemente, se compartía información sobre el porcentaje de personas, muy elevado, que sí habían realizado el pago. La acción, puso de relieve la norma social y aumentó significativamente la tasa de pago voluntario.

En 2011, la ciudad de Copenhague quiso mejorar la limpieza de sus calles. Para ello se realizó un experimento que pretendía medir el impacto de un nudge concreto. Durante un día se repartieron caramelos a los transeúntes. Al final de la jornada, una brigada formada por estudiantes trató de localizar cuántos envoltorios terminaban en el suelo y cuántos en la papelera. A continuación, se implementó un nudge consistente en pintar unas huellas de color verde sobre el pavimento que conducían a la papelera. A los pocos días, ya con las huellas luciendo, se repitió la operación consiguiendo aumentar en un 46% el número de envoltorios que terminaban en las papeleras.

Una situación frecuente en muchas ciudades es la de las conductas incívicas relacionadas con orinar en el espacio público, lo que genera degradación del entorno y, en algunos casos, malos olores que afectan la convivencia. Aunque se han puesto en marcha distintas iniciativas para abordar este problema, si hablamos de nudges o «pequeños empujones», un caso interesante ocurrió en Francia en 2019.

En ese año, algunas esquinas dentro de estaciones de tren se habían convertido en auténticos “urinarios públicos”. Para revertir esta situación, se implementó una campaña creativa: se colocaron pósters en 3D, tanto en el interior como en el exterior de la estación, que representaban a atletas de tamaño real jugando con balones. El entorno visual, llamativo y bien cuidado, logró disuadir a las personas de orinar allí. Como resultado, las micciones en el espacio público disminuyeron drásticamente, demostrando que una intervención estética y simbólica puede generar un cambio significativo en el comportamiento.

En otro orden, España, líder mundial en donación de órganos, implementó ya hace muchos años una legislación de consentimiento presunto. En esencia, todo el mundo se considera donante salvo que se manifieste lo contrario, esto es, no es necesario un comportamiento activo, formularios, manifestaciones del consentimiento… para convertirse en donante. Si acaso, ese comportamiento activo se exige a la hora de manifestar no querer serlo. Desde el año 2010 el modelo ha sido replicado en otros países de la Unión Europea.

A través de estos ejemplos se puede capturar la esencia de la medida. Existen muchos tipos de nudge. Los hay que apelan a las normas sociales (es el caso de los dos primeros), aquellos basados en defaults u opciones predeterminadas, los que persiguen simplificar las relaciones de la ciudadanía con la administración o los que consisten en simples recordatorios.

Han pasado más de 15 años desde su presentación en sociedad y buena parte de la literatura actual se centra en evaluar su impacto y el coste-beneficio que supone para las administraciones su implementación. Los resultados son variados y están condicionados por distintos elementos: la tipología del nudge y el ámbito en el que se introduce, principalmente. En cualquier caso, y dejando de lado las tensiones éticas que pueda generar su existencia a propósito de la libertad de elección de la ciudadanía, los nudges son un buen ejemplo de política pública creativa a la vez que basada en un marco teórico sólido con mucha evidencia empírica.

Desde FEPSU aplaudimos las medidas innovadoras que nos permiten avanzar en la construcción de ciudades más seguras y mejorar los espacios de convivencia.

El plan Kanpai: Un remedio a la multirreincidencia delictiva

El pasado día 4 de abril, el Departament d’Interior i Seguretat Pública de la Generalitat de Catalunya con la colaboración de los cuerpos de seguridad de Mossos de Esquadra, Cuerpo Nacional de Policía y policías locales de cada uno de los municipios (Barcelona, Badalona y L’Hospitalet de Llobregat), dio a conocer el macrooperativo de veinticuatro horas realizado ese mismo día con el objetivo de perseguir la multirreincidencia delictiva. Los ciudadanos fueron informados del incremento, o “saturación”, de cuerpos policiales en las calles de las principales ciudades del Área metropolitana de Barcelona a través de los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales y los canales oficiales.

En este artículo hablaremos del fenómeno de la multireincidencia y sus efectos, ya sea en la percepción de seguridad de la ciudadanía, ya sea en el trabajo operativo diario de las fuerzas y cuerpos de seguridad.

La Multirreincidencia delictiva

En el Código Penal español no encontramos la palabra multirreincidencia para hablar de delitos repetitivos cometidos por una misma persona. Lo que sí regula el Código Penal español es el concepto de reincidencia. En concreto, lo hace en su artículo 22.8, en el que determina las circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal. En este sentido, la reincidencia apunta a aquella persona que, después de ser condenada por un delito, vuelve a cometer uno nuevo. Si se quiere, la suma de reincidencias daría lugar a la multireincidencia, en palabras de nuestro código penal, reincidencia agravada.

A partir de 2010, el término multirreincidente comienza a utilizarse en informes policiales y, como sucede en tantos otros ámbitos, los medios de comunicación lo popularizan. En este sentido, no es casual que el aumento de la percepción de inseguridad y el turismo masivo sean realidades en alza a partir de ese mismo año, sobretodo en ciudades como Barcelona y Madrid. La masificación de lugares turísticos ha favorecido el aumento de delitos leves como el hurto, una tipología penal que puede manifestarse de maneras muy diversas. Las personas hurtadoras suelen aprovecharse de la distracción del turista, de la confusión en un abarrotado transporte urbano en horas punta o de la amabilidad de la ciudadanía para cometer este tipo de ilícitos. Generalmente, no suponen un riesgo grave para las víctimas, pero afectan de manera directa al orden público y a la convivencia social.  

Sabemos que los perfiles de las personas delincuentes son elaborados por especialistas de diferentes ámbitos, como criminólogos, psicólogos forenses, peritos judiciales, y profesionales de inteligencia criminal. Existe mucha literatura al respecto entre la que destacan los estudios longitudinales del profesor David Farrington de la Universidad de Cambridge, un registro de más de cuarenta años elaborado a partir del seguimiento de 411 jóvenes de entre 8 y 9 años iniciado en 1961 y finalizado en 2001. Las conclusiones de Farrington no ofrecen un retrato robot detallado del multireincidente tipo, pero vierten luz sobre algunas cuestiones relevantes: la delincuencia crónica es una realidad asociada a una minoría de las personas monitorizadas; entornos con perfiles parentales delincuentes, pobreza familiar, fracaso escolar o altos niveles de impulsividad suelen ser factores de riesgo claros para desarrollar una carrera delictiva. Finalmente, cuanto antes se realiza la intervención preventiva más eficiente se muestra.

Cabe señalar que en los últimos años el perfil de la persona multireincidente ha ido evolucionando, reflejando cambios tanto en las dinámicas sociales como en las formas de criminalidad. Tradicionalmente, la multireincidencia se ha asociado a personas en situación de alta vulnerabilidad social, con trayectorias delictivas marcadas por delitos menores, problemas de adicción, exclusión laboral y residencial, y una falta estructural de redes de apoyo. Sin embargo, en ciertos contextos urbanos o territorios con presencia activa de economías criminales, este perfil se ha vuelto más complejo. Aunque multireincidencia y crimen organizado son conceptos claramente diferenciados —el primero ligado a la repetición individual de conductas delictivas y el segundo a estructuras jerárquicas con fines lucrativos y planificación colectiva—, en la práctica se han producido zonas de acercamiento.

En algunas ocasiones, las personas multireincidentes son captadas o instrumentalizadas por organizaciones delictivas, que aprovechan su experiencia penal, su fragilidad legal o su falta de expectativas para utilizarlas en tareas de bajo perfil: venta de drogas a pequeña escala, transporte de mercancías ilícitas, vigilancia o funciones logísticas. Estas personas, muchas veces, ni siquiera tienen plena conciencia de formar parte de una red organizada, pero sus actos terminan facilitando el funcionamiento de estructuras más amplias y profesionalizadas. Esta relación de subordinación convierte al multireincidente en un eslabón funcional del crimen organizado, sin otorgarle poder de decisión, pero exponiéndolo a mayores riesgos penales y sociales.

Esta evolución plantea retos importantes para las políticas de prevención y reinserción, que deben ser capaces de diferenciar entre la multireincidencia clásica, ligada a procesos de exclusión social, y la que se entrelaza con redes criminales más estructuradas. En ambos casos, se requiere una intervención coordinada entre los sistemas judicial, social y de seguridad, pero con enfoques diferenciados.

La relación entre delitos cometidos y percepción de inseguridad

Desde el año 1990, el Área Metropolitana de Barcelona realiza una encuesta de victimización (Enquesta sobre Victimització de l’Área Metropolitana de Barcelona o EVAMB) con el objetivo de identificar los delitos cometidos y evaluar los efectos que generan entre la población de ésta zona. Los últimos datos disponibles corresponden al año 2024. El 26% de la muestra declara haber sido víctima de al menos un hecho delictivo en el último año siendo las víctimas por hechos relacionados con la seguridad personal las más numerosas, un 18,4%.

Por otro lado, la percepción de inseguridad se sitúa en el 18.9%, esto es, en una escala de 0 a 10 el 18,9% de las personas encuestadas declara valores inferiores a 5. Esta tendencia puede deberse a la existencia de elementos que generan una continua sensación de estado de alerta entre la población. Aunque pueden existir más, factores como la cobertura mediática realizada desde los medios de comunicación, la vulnerabilidad que genera la frecuencia en la que se comete un mismo delito, las experiencias personales vividas o un contexto social deprimido en el que las crisis económicas son habituales, pueden explicar este fenómeno. Puedes consultar otras entradas relacionadas con la percepción de seguridad aquí.

Trimestralmente, el Ministerio del Interior publica en su web oficial los datos registrados sobre los delitos cometidos en todo el Estado. También aparecen divididos en ámbitos territoriales más pequeños: comunidades autónomas, provincias, capitales de provincia, municipios de más 22.000 habitantes y territorios insulares. Según estos datos, los índices de criminalidad en la ciudad de Barcelona son más altos que en el resto de ciudades españolas, incluida Madrid. A pesar de esto, los hurtos contabilizados bajaron un 6,9% entre enero y septiembre de 2024.

Queda clara, por tanto, que en la lucha contra la delincuencia y la multireincidencia deben conjugarse estrategias y ponderar intereses. Una simple aproximación punitiva al problema no es suficiente. Obviar el carácter preventivo en las políticas públicas de seguridad y convivencia suele devolver resultados pobres a medio y largo plazo. No obstante, en momentos de tensión social los indicadores de victimización y de percepción de inseguridad incrementan sus valores. En esos casos, la respuesta punitiva y policial puede contribuir de forma decisiva en la arquitectura de esta percepción generando una sensación de control institucional de la actividad delictiva.

El plan Kanpai

Kanpai es una expresión japonesa que los nipones utilizan al brindar y que, literalmente, significa “vaciar el vaso”. Este es el nombre utilizado por los Mossos de Esquadra para activar el plan de choque contra la mutirreincidencia el día 4 de abril de este año. El operativo contó con la colaboración de diferentes cuerpos policiales (Policía Nacional, Policía Portuaria, Policía local de L’Hospitalet de Llobregat, la Guàrdia Urbana de Barcelona y la Guàrdia Urbana de L’Hospitalet), que desplegaron un millar de agentes en el Área Metropolitana de Barcelona. También contaron con agentes no uniformados y las unidades especiales de antidisturbios (BRIMO y ARRO).

La necesidad de ampliar la zona de actuación más allá de Barcelona se debe a la reducción, según datos del interior, de un 5,5% en los delitos cometidos en la ciudad en 2024. La presión policial en áreas turísticas como el Raval o Ciutat Vella tuvo un efecto disuasorio sobre el delincuente potencial. No obstante, el índice de criminalidad sigue siendo alto, y la multirreincidencia es uno de los principales motivos por los que aumenta. Solo el año pasado fueron detenidos 450 ladrones que acumulaban 3600 detenciones relacionadas con más de 9000 delitos.

La presencia policial en Barcelona ha desplazado la actividad delictiva fuera de sus fronteras y provocando un incremento en municipios como Badalona, L’Hospitalet de Llobregat o el Prat de Llobregat. Esa es la razón por la cual el plan Kanpai operó durante 24 horas en diferentes puntos del Área Metropolitana. Los objetivos se centraron en la detención de delincuentes habituales, la imputación de delitos relacionados con las drogas en discotecas y locales nocturnos y controles de seguridad ciudadana. El balance de la operación fue de 105 detenidos, 330 denuncias administrativas, la intervención de 13 patinetes y la recuperación de una motocicleta robada.

El plan Kampai es el ejemplo perfecto de la ponderación necesaria entre políticas preventivas en materia de seguridad pública y convivencia y eficiencia y visibilidad policial como recurso operativo en la construcción de la percepción de seguridad de los vecinos. A su vez, el plan Kampai es un ejemplo más de la necesidad de trabajar conjuntamente. La evidencia de que las redes de cooperación e intercambio de información y conocimiento tejidas por las ciudades optimizan los resultados de las políticas de seguridad. Desde FEPSU trabajamos en esa dirección. 

Un Pacto por la Seguridad Ciudadana en Bilbao: una apuesta por la seguridad desde la transversalidad

© Jesús Esteban San José via Pexels

¡Desde el Fórum Español para la Prevención y la Seguridad Urbana (FEPSU) anunciamos con orgullo la incorporación de la ciudad de Bilbao a nuestra red! Con la capital de Bizkaia ya sumamos 19 miembros y reafirmamos nuestro compromiso de sumar más territorios para cooperar hacia entornos urbanos más seguros y cohesionados.

Un compromiso firme para un “Bilbao seguro y acogedor”

Con una visión de la seguridad como un ámbito vinculado a la convivencia y a la cohesión social, la ciudad de Bilbao es consciente de la necesidad de tomar acción de manera transversal. Por ello, el Ayuntamiento de Bilbao impulsó en el año 2018 el Pacto por la Seguridad Ciudadana para “crear un Bilbao seguro y acogedor para todos y todas”

Dicho pacto, que ha sido renovado para el período 2024 – 2027, contempla principios de acción como la prevención del delito, la cohesión social, la protección a los colectivos vulnerables, la participación ciudadana o un modelo de policía comunitaria. Por otro lado, también recoge medidas específicas como un análisis de la delincuencia en Bilbao llevada a cabo por académicos o la participación en redes de nivel estatal.

Los impactos esperados de este pacto incluyen la contención o disminución de las tasas delictivas, el mantenimiento o reducción de la siniestralidad de tráfico, el incremento de las tasas de esclarecimiento, el aumento de la satisfacción con el servicio policial, la reducción de quejas y el incremento de la seguridad percibida. El seguimiento del pacto se realizará mediante la evaluación de indicadores, informes de progreso, reuniones periódicas y estudios cualitativos.

La importancia de trabajar desde la transversalidad

La seguridad urbana y la convivencia pacífica van mucho más allá de la acción policial y las políticas de orden público. Implican una visión integral que abarca el fomento del civismo, la promoción del bienestar social y un diseño urbano enfocado a la prevención del delito que contribuya a espacios más seguros y habitables. 

El Pacto por la Seguridad Ciudadana de Bilbao 2024-2027 es un claro ejemplo de esta filosofía, destacando la necesidad de trabajar de manera transversal en seguridad urbana. Redes como el Efus y el FEPSU compartimos plenamente esta visión, compartiendo conocimiento desde distintas disciplinas y ámbitos para enriquecer las políticas públicas de seguridad y convivencia e inspirar acciones innovadoras.

¡Únete al FEPSU!

Si como Bilbao, tu ciudad o región desea unirse a la red del FEPSU, no dudes en consultar toda la información en nuestra web o en contactar en info@fepsu.es.

Formar parte del FEPSU significa unirse también al European Forum for Urban Security (Efus), la única red europea de ciudades y regiones dedicadas a la seguridad urbana y que cuenta con más de 250 miembros. 

El FEPSU participa en la jornada “Transferencia e innovación para las políticas públicas sobre la delincuencia”

El pasado 24 de abril el Fórum Español para la Prevención y la Seguridad Urbana (FEPSU) tuvo la ocasión de participar en la mesa taller «Estrategias de seguridad desde los cuerpos policiales» en el marco de la jornada “Transferencia e innovación para las políticas públicas sobre delincuencia”, organizada por POLARIS en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

El encuentro, que tuvo por objetivo “conectar la toma de decisiones y la ciencia”, puso de relieve la importancia de la relación entre el conocimiento científico y el diseño de políticas públicas y la toma de decisiones cuando se abordan fenómenos delincuenciales. Así, dos mundos frecuentemente desconectados y desacompasados – la política pública y la ciencia -, se dieron cita en un espacio para el diálogo y la difusión de experiencias prácticas donde la transferencia de conocimiento fue una de las grandes protagonistas.

Pablo Enrique Rodríguez, Director General de la Policía Municipal de Madrid y presidencia del FEPSU: un cambio en el paradigma de la seguridad

El Director General de la Policía Municipal de Madrid subrayó la importancia de la perspectiva de seguridad humana, más allá de la preservación del orden público, y puso el acento en el punto analítico que la seguridad debe tener ante el contexto social que vivimos actualmente.

Dentro de unos años, el 60% de la población residirá en centros urbanos (…), y ya no se puede hablar de seguridad solamente en términos estatistas sino en términos urbanos.

Pablo Enrique Rodríguez Pérez, Director de la Policía Municipal de Madrid y presidencia del FEPSU

Destacó que, ante el aumento de la población en las ciudades y bajo el concepto de seguridad transversal, la seguridad ha pasado de planificarse desde el riesgo a la incertidumbre: por ejemplo, cuando se planifica un evento, se consideran elementos tales como la hiperconectividad que puede alterar el biorritmo de la seguridad. La seguridad desde la incertidumbre debe abordarse, destaca el Director General, desde 4 pilares fundamentales: los valores y misiones de la organización policial, la respuesta policial adaptada al contexto social de la ciudad, la transparencia sobre las acciones policiales y la agilidad en la respuesta.

José Martínez Marín, Subinspector de la Policía Local de Murcia, Responsable de los departamentos de Proyectos Europeos y Normas y Procedimientos: la formación, un pilar clave en los cuerpos policiales

La formación es un pilar fundamental en los cuerpos de seguridad. Así lo expuso José Martínez Marín, Subinspector de la Policía Local de Murcia que, a corte de ejemplo, explicó los convenios que el cuerpo mantiene con la Universidad de Murcia o el programa de prácticas del Grado de Criminología de esa misma universidad. En ese sentido, destaca la importancia de todo aquello que el mundo académico puede aportar al mundo local y las diferentes vías para que se produzca esta interacción.

José Martínez Marín puso en valor la acción internacional de la Policía Local de Murcia a través de la colaboración con diversas universidades europeas y del departamento de proyectos europeos del cuerpo policial:

Tenemos a día de hoy diez proyectos europeos activos en materias tan diversas como pueden ser la trata de seres humanos, delitos de odio o protección de espacios públicos o lugares de culto de los ataques terroristas.

José Martínez Marín, Subinspector de la Policía Local de Murcia, Responsable de los departamentos de Proyectos Europeos y Normas y Procedimientos

Benito Granados Santaella, Intendente Mayor de la Guàrdia Urbana de Barcelona:

Benito Granados dedicó su intervención a exponer experiencias de acercamiento entre la Guàrdia Urbana de Barcelona y el mundo de la academia. Una de esas experiencias ha estado la puesta a disposición del modelo policial de proximidad de Barcelona a la Universidad de Barcelona para poder analizarlo y encontrar puntos de mejora en aspectos como la transversalidad dentro como fuera de la propia organización.

Desde el mundo policial, actualmente los mandos están acercándose a toda velocidad a la ciencia.

Benito Granados Santaella, Intendente Mayor de la Guàrdia Urbana de Barcelona,

El informe realizado por la Universidad de Barcelona permitió a la Guàrdia Urbana de Barcelona estrategias como la implementación de la metodología SARA (Scanning-Analysis-Response-Assessment) y dio lugar a la búsqueda nuevas fórmulas de aprendizaje para los agentes de policía, más próximas a la ciencia, conjuntamente con el Colegio de Criminólogos de Cataluña.

El Intendente Mayor puso en valor la importancia de la percepción de seguridad y de comunicarse de forma clara con la ciudadanía, sobre todo a la hora de expresar los datos objetivos de seguridad. Por ello, es necesario desarrollar una buena estrategia de digitalización y de uso masivo de datos para poder, para quien lo desee, individualizar la seguridad, es decir, poder dar consejos de seguridad personalizados mediante la creación de patrones de posibles riesgos.

Santiago Herrero Blanco, analista en materias de seguridad del Departamento de Interior i Seguretat Pública de la Generalitat de Catalunya: la formación policial como herramienta para la transferencia de conocimiento

Santiago Herrero destacó el hecho de como la formación académica de los policías hace que, indirectamente, se produzca transferencia de conocimiento de la academia a la policía. En ese sentido, ha destacado la investigación previa que se realizó sobre bandas juveniles en Cataluña, que desde el conocimiento académico se abordó de manera más analítica abandonando la reactividad en los juicios sobre este fenómeno.

Pudimos documentarnos e investigar (…) y no realizamos la primera reacción policial típica de acabar con las bandas, sinó de ver qué pasaba con estos jóvenes que tenían conductas antisociales.

Santiago Herrero Blanco, analista en materias de seguridad del Departamento de Interior i Seguretat Pública de la Generalitat de Catalunya

Herrero aprovechó su intervención para explicar la participación del Departamento en proyectos europeos como herramienta para la transferencia de conocimiento, en temáticas tales como la seguridad objetiva y subjetiva para ayudar a los municipios, distribución espacial de los delitos, victimización de turistas, etc.

Finalmente, ha destacado la importancia de que las administraciones pongan a disposición de la academia los datos sobre seguridad para realizar estudios o del «evidence-based policing», es decir, de que los cuerpos policiales puedan responder en función del conocimiento científico.

Depresión Aislada en Niveles Altos

A finales del mes de octubre pasado, cerca de 80 municipios de la provincia de Valencia sufrieron las devastadoras consecuencias de uno de los episodios climáticos más graves de las últimas décadas. La DANA, acrónimo de Depresión Aislada en Niveles Altos, se ha convertido en un símbolo que invita a la reflexión sobre la gestión y seguridad de nuestras ciudades.

Este artículo, escrito con la perspectiva que brinda el paso de las semanas, busca recordar a todas las personas afectadas y, con el máximo respeto, señalar algunos de los debates que este desastre deja en torno a la seguridad y la prevención.

La DANA. Una DANA

El 29 de octubre de 2024 alrededor de las 16:00 de la tarde comenzaron a intensificarse las lluvias que caían desde la mañana sobre buena parte de la provincia de Valencia. Durante la madrugada del día 30 las tormentas descargaron entre 200 y 300 litros por metro cuadrado en pocas horas provocando graves inundaciones.

Una DANA se forma cuando una masa de aire frío en altura se desconecta de la corriente principal y entra en interacción con el aire cálido y húmedo en las capas bajas, generando inestabilidad atmosférica. La de Valencia, la DANA, sobrevoló una población de más de un millón y medio de personas y afectó de forma grave y directa a más de 250.000. Los márgenes de los ríos Turia, Júcar o Magro, pero también barrancos y cauces urbanos cedieron más allá de sus límites contribuyendo de forma decisiva a que los daños materiales fueran mayores. Entre todo el desastre, 219 personas murieron en la Comunitat Valenciana, 7 en Castilla la Mancha y 1 en Andalucía, según datos del Gobierno de España.

Cuatro meses después, las zonas afectadas siguen trabajando para recuperar la normalidad. Vecinos y vecinas se organizan para borrar de sus paisajes las huellas del dolor. En cada conversación, en cada cruce de miradas, se entrelazan cansancio, pena y el desconcierto propio que provocan los fenómenos que lo trastocan todo.

Como Sísifos embarrados. Levantar lo caído, limpiar el lodo, reconstruir lo perdido temiendo que, en cualquier momento, todo vuelva a desmoronarse. La roca rueda cuesta abajo una y otra vez. Pero, a diferencia de Sísifo, que estaba condenado a un destino inmutable, aquí aún existe la posibilidad de cambiar el rumbo. Cada catástrofe trae consigo una lección y, quizás, la clave esté en aprender a prevenir en lugar de limitarse a reconstruir. Tal vez, la clave esté en conseguir que una DANA solo sea una DANA: depresión aislada en niveles altos.

Riesgo colectivo, seguridad integral

Casi 40 años después de su publicación resulta incómodo referenciar de nuevo el archiconocido ensayo del sociólogo alemán Ulrich Beck: la sociedad de riesgo. El texto, citado en cada esquina, tuvo una influencia decisiva en estudios de sociología, política y filosofía, pero sin ninguna duda, sirvió como referencia indiscutible para situar, desde un prisma distinto, las cuestiones de la ecología en el mundo académico y en la agenda política.

En esencia, Beck plantea que, en una sociedad moderna marcada por la industrialización y el avance tecnológico, los riesgos se han transformado en amenazas globales y sistémicas que afectan a la sociedad de manera compleja e interconectada. Los peligros no afectan solo a individuos o grupos locales, sino que se distribuyen a nivel global. El cambio climático, la contaminación o las pandemias sirven de ejemplo. Aislar los efectos de ciertos riesgos, en su mayor parte creados por la actividad humana, aun cuando se manifiestan en escenarios naturales, puede resultar prácticamente imposible. 

En la sociedad del riesgo, el futuro se vuelve incierto. Aunque tratemos de gestionar estos riesgos mediante tecnologías y políticas, siempre queda un componente de incertidumbre. Las instituciones encargadas de gestionarla, a menudo, no disponen de los recursos y el conocimiento para enfrentarse a estos peligros de manera totalmente efectiva.

Y en esas andamos, tratando de encontrar un lugar digno desde el que habitar el entramado de relaciones causales que suelen acompañar a este tipo de desastres. Luchando por encontrar la explicación final, el relato decisivo y sanador que demandan quienes sufren sin merecerlo, quienes lloran por méritos ajenos.

Asumimos, porque así nos los cuentan, que la DANA y el cambio climático están estrechamente relacionados, ya que el calentamiento global, y en especial la mayor temperatura del agua del mar, intensifica ciertos fenómenos meteorológicos extremos. Entendemos que, aunque las DANAs no son nuevas, su frecuencia, intensidad y efectos destructivos están aumentando debido al cambio climático y es entonces cuando todo se vuelve más complejo ya que nada de lo que podemos hacer en esa batalla por la sostenibilidad nos será retornado con la inmediatez que requiera el dolor actual.

Lo explicó muy bien Mancur Olson en “La lógica de la acción colectiva” allá por la década de los años sesenta: los incentivos individuales afectan a la cooperación en los grupos y no hay mayor cooperación que la que requiere un planeta limpio. Las personas, en general, tendemos a no contribuir si nuestro esfuerzo no marca la diferencia o, si prescindiendo de él, obtenemos el mismo beneficio que realizándolo.

En momentos difíciles como el actual, apelar a la sostenibilidad del planeta no nos sirve de bálsamo. Al contrario, reconocer en tamaña empresa la causa de nuestro sufrimiento nos genera desasosiego e inseguridad. “Tan solo quienes miran al futuro sin preocupaciones saborean el presente con buen ánimo” escribía Zweig tras un convulso siglo XX. 

Volver a la raíz

Si la sostenibilidad del planeta es una meta lejana y de inmediatez improbable, tal vez la respuesta esté a nuestro alrededor. En tiempos de incertidumbre, cuando las grandes causas nos abruman, debemos fortalecer aquello que está en nuestras manos. Hacernos pequeños no es rendirnos, sino encontrar el espacio desde el que realmente podemos ser decisivos.

Los acontecimientos de Valencia dieron buena muestra de ello. Vecinos anónimos, pero también profesionales de los servicios de emergencias de localidades de todo el Estado, se desplazaron durante esos días, y los que seguirían, para tratar de minimizar el impacto de lo sucedido. Xàbia, Dénia, Gandía, pero también Barcelona y Madrid, entre muchas, fueron ciudades que mostraron apoyo compartiendo recursos de todo tipo. Desde la cercanía que caracteriza al mundo local, personas e instituciones se entremezclaron para dar una respuesta inmediata a la catástrofe creando una red de seguridad con la que mirar al abismo de esos días con mayor esperanza.

Tal vez se trate de empoderar a nuestras instituciones locales, hacerlas trabajar conjuntamente. Desde los sistemas de emergencias hasta las regidorías de urbanismo. Tejer lazos entre la clase política y la sociedad civil lo suficientemente resistentes como para proyectarse en el futuro y lo bastante flexibles para adaptarse a cada nuevo escenario. Si los nudos atan, los lazos unen. 

Desde FEPSU queremos mandar un cálido abrazo a todas las personas afectadas por la DANA, y muy especialmente a las ciudades socias del Foro. Seguimos a vuestra disposición para lo que necesitéis. Seguimos trabajando.

La justicia restaurativa: un enfoque innovador para la resolución de conflictos

(c) Cytonn Photography, Pexels

La justicia restaurativa es una alternativa a los sistemas tradicionales de justicia penal que se centra en la reparación del daño causado por un delito, en lugar de únicamente castigar al infractor. Este enfoque se caracteriza por la participación activa de todas las partes involucradas —víctima, infractor y comunidad— en un proceso que busca restaurar el equilibrio roto por el delito. A diferencia del sistema punitivo, donde el Estado se convierte en el principal actor al dictar sanciones, la justicia restaurativa da protagonismo a las víctimas y los ofensores, permitiendo un espacio de diálogo, reflexión y resolución más humanizado.

Este enfoque se ha popularizado en diversos países como una herramienta eficaz para abordar delitos de distintas magnitudes. Los resultados de los programas de justicia restaurativa han demostrado ser positivos, no solo en términos de satisfacción de las víctimas y reducción de la reincidencia, sino también en la creación de comunidades más cohesionadas.

Orígenes y concepto de la justicia restaurativa

Virata, un hombre justo y sabio, dedica su vida a impartir justicia desde que el rey le invistió de ese poder. Sin embargo, se enfrenta a una contradicción esencial: a pesar de sus esfuerzos por hacer el bien, sus decisiones como juez inevitablemente causan sufrimiento a otros. Este conflicto lo lleva a cuestionar si la justicia terrenal (justicia retributiva) puede realmente ser justa en un sentido absoluto y si la sanación del conflicto se satisface únicamente con la respuesta penal.

A través de esta fábula titulada “Los ojos del hermano eterno”, el escritor austríaco Stefan Zweig propone un espacio de reflexión acerca de una de las cuestiones esenciales en la convivencia de las ciudades: el tratamiento de la infracción de la norma y la gestión de la ofensa.

La justicia restaurativa tiene sus raíces en diversas culturas ancestrales, como las prácticas de resolución de conflictos de los pueblos indígenas de Nueva Zelanda (maoríes), América del Norte (nativos americanos) y África (comunidades de Sudáfrica). Estas sociedades valoraban la reparación del daño causado a la comunidad y a las personas afectadas por un conflicto, en lugar de apartar o castigar al infractor como única medida.


El término «justicia restaurativa» se popularizó a mediados del siglo XX como respuesta a las limitaciones de un sistema penal tradicional que, en muchos casos, dejaba insatisfechas tanto a las víctimas como a los infractores. En lugar de ofrecer una solución integral a los problemas causados por el delito, el sistema punitivo se centraba en sancionar a los ofensores, dejando de lado la dimensión emocional y social del conflicto. La justicia restaurativa propone un cambio de paradigma en el que el delito se percibe no solo como una violación de las leyes del Estado, sino como una ruptura de relaciones entre las personas.

Los principios clave de la justicia restaurativa incluyen:

  1. Reparación del daño: La prioridad es enmendar el daño causado a las víctimas y la comunidad. Se busca devolver el equilibrio roto por el delito.
  2. Participación de las partes afectadas: Todas las partes tienen voz en el proceso: la víctima, el infractor y, en algunos casos, miembros de la comunidad. Este enfoque busca generar un diálogo que permita a las partes expresar sus necesidades y llegar a acuerdos.
  3. Responsabilidad y rendición de cuentas: El infractor asume la responsabilidad de sus acciones y debe reconocer el impacto que ha tenido en la víctima y la comunidad. De este modo, junto a la disculpa se crea un espacio para que nazca el compromiso de realizar acciones concretas para la reparación del daño.
  4. Reintegración: La justicia restaurativa busca que víctima e infractor puedan volver a formar parte de la comunidad, evitando la estigmatización y el aislamiento, factores que pueden perpetuar el ciclo del delito.

Medidas y mecanismos de la justicia restaurativa

A través de diversas prácticas y medidas, la justicia restaurativa busca crear espacios donde las víctimas puedan expresar su dolor y los ofensores puedan entender el impacto de sus acciones.


Las conferencias restaurativas son encuentros formales que reúnen a la víctima, al infractor y, con frecuencia, a miembros de la comunidad, como familiares o amigos de ambas partes. Estos encuentros son facilitados por un mediador capacitado, cuyo propósito es guiar la conversación hacia el reconocimiento del daño causado y la búsqueda de soluciones para repararlo. Este proceso tiene como objetivo principal que el infractor asuma responsabilidad directa por sus actos y que la víctima reciba tanto una compensación emocional como, en algunos casos, material. Al dialogar cara a cara, la víctima puede expresar cómo le ha afectado el delito, mientras que el infractor explica las circunstancias de su acción y se compromete a reparar el daño.


Por otro lado, los círculos de paz y círculos restaurativos, inspirados en prácticas indígenas, son procesos comunitarios que se desarrollan en un entorno seguro y estructurado. En estos encuentros, las víctimas, los infractores y los miembros de la comunidad se sientan en un círculo que fomenta un espacio de igualdad donde todos pueden hablar y ser escuchados. El diálogo busca que el infractor reconozca el daño causado, que la víctima encuentre apoyo emocional y que la comunidad participe en la reintegración del ofensor. Además de ser una herramienta de reparación, estos círculos pueden tener un carácter preventivo, ayudando a resolver tensiones antes de que escalen a conflictos mayores.


La mediación penal, en cambio, es un mecanismo que cuenta con la intervención de una tercera parte neutral que facilita el diálogo entre víctima e infractor. Este enfoque, más flexible y privado que las conferencias restaurativas, no tiene como objetivo forzar la reconciliación, sino alcanzar acuerdos sobre cómo se puede reparar el daño. Resulta especialmente útil en casos de delitos menores, donde ambas partes están dispuestas a participar de forma voluntaria y a buscar soluciones conjuntas. Los acuerdos alcanzados en la mediación pueden incluir compensaciones económicas, trabajos comunitarios u otras acciones adecuadas para reparar el daño causado.


Otra herramienta importante en la justicia restaurativa son los programas de servicio comunitario que permiten a los infractores reparar el daño al colectivo a través de trabajos que beneficien a la comunidad afectada. Este enfoque promueve tanto la responsabilidad como la rehabilitación y reintegración social. En algunos casos, estos programas se combinan con otros mecanismos restaurativos, como la mediación o las conferencias, para que la comunidad también tenga un papel activo en decidir qué tipo de servicio sería más adecuado.


Por último, la restitución es una medida mediante la cual el infractor compensa directamente a la víctima, ya sea de forma financiera o material. Puede implicar el pago de daños económicos o la reparación de bienes afectados por el delito. En muchos sistemas de justicia restaurativa, la restitución se integra en acuerdos más amplios alcanzados a través de conferencias o mediaciones, reforzando el compromiso del infractor con la reparación efectiva del daño causado.

Beneficios de la justicia restaurativa

La justicia restaurativa ofrece numerosos beneficios que impactan de manera positiva a las víctimas, los infractores y la comunidad en general. Uno de los aspectos más destacados es la satisfacción que experimentan las víctimas al participar en este tipo de procesos, ya que se les brinda la oportunidad de ser escuchadas y de recibir un reconocimiento explícito de su sufrimiento. Además, este enfoque promueve la reducción de la reincidencia, pues al responsabilizarse de sus actos, los infractores tienden a desarrollar un mayor compromiso con evitar comportamientos delictivos en el futuro, siendo especialmente efectivo en el caso de los jóvenes.


Otro beneficio significativo es la posibilidad de reintegración social para los ofensores, quienes, al no enfrentarse al estigma de un castigo severo o la reclusión, tienen mejores oportunidades para rehabilitarse y reincorporarse de forma constructiva en la sociedad. Por último, la justicia restaurativa fortalece los lazos comunitarios, ya que fomenta la participación activa de los ciudadanos en la resolución de conflictos, contribuyendo a construir comunidades más resilientes y cohesionadas.


La justicia restaurativa ofrece un enfoque más humano y constructivo para abordar el crimen. Su enfoque en la reparación del daño, la participación de las partes afectadas y la reintegración social ha demostrado ser una alternativa eficaz y transformadora frente a los sistemas punitivos tradicionales. Aunque no es adecuada para todos los tipos de delitos, su implementación en diferentes contextos muestra que es posible construir una justicia que no solo castigue, sino que también sane y reconcilie.

La colaboración institucional como herramienta de implementación

El pasado mes de julio el Ajuntament de Barcelona y el Col•legi d’Advocats de Barcelona (ICAB) firmaban un convenio para impulsar un programa piloto de justicia restaurativa para víctimas de accidentes de tráfico en Barcelona.


El programa, gestionado por Guàrdia Urbana de Barcelona y el centro ADR del ICAB (centro de resolución alternativa de conflictos), pretende facilitar un espacio en el que aportar información i datos que sirvan para reparar a las partes implicadas en los hechos, tanto desde el punto de vista personal como material dando la posibilidad de participar en la gestión de los intereses propios.


El programa piloto se presentó con una duración temporal de 6 meses tras los cuales ambas instituciones elaborarán una valoración y presentación de resultados que sirva para valorar la implementación de los servicios y la posibilidad de ampliar sus objetivos a nuevas realidades.


Desde FEPSU trabajamos en conocer todas aquellas herramientas encaminadas a mejorar la seguridad y la convivencia de nuestras ciudades y de las comunidades que las conforman.

¡Bienvenida, Murcia!

¡En el Fórum Español para la Prevención y la Seguridad Urbana (FEPSU) estamos felices de anunciar la adhesión de la ciudad de Murcia a nuestra red! Con esta última incorporación, sumamos ya 18 ciudades y regiones unidas en el objetivo de promover espacios más seguros y cohesionados, y ampliamos espacios de debate y cooperación para hacer de nuestras ciudades un lugar mejor.

Una policía con un enfoque preventivo, cercano e innovador

La Policía Local de Murcia desarrolla una importante labor preventiva ante las problemáticas de seguridad y convivencia con un enfoque importante en la percepción de seguridad y la cercanía a la ciudadanía. En esta línea, el cuerpo desarrolla un diverso conjunto de campañas, entre ellas, la campaña «Policía Visible», que tiene por objetivo principal potenciar la presencia policial para prevenir acciones delictivas pero también para proporcionar una mayor percepción de seguridad; o la campaña «Quedadas seguras», la cual persigue prevenir las infracciones cometidas en el marco de las quedadas de jóvenes y que, además, pretende generar un «clima de seguridad entre los menores que aumente su sensación de seguridad».

La cercanía a la ciudadanía y la voluntad de acercar los servicios de la policía a aquellos/as que más lo pueden necesitar es otro pilar fundamental en la acción de la Policía Local de Murcia. Un ejemplo de esta cercanía es el denominado Plan de Seguridad Vecinal, que pretende facilitar el acceso a los servicios de la población extrangera residente en Murcia; o los Consejos para mayores, campaña dirigida a la tercera edad con el objetivo de prevenir que sean víctimas de delitos mediante charlas con consejos e información práctica.

Además, Murcia apuesta por la mediación como una herramienta clave para la resolución pacífica de conflictos, con un servicio de Mediación Policial que trabaja activamente en la prevención y gestión de situaciones que podrían derivar en enfrentamientos o disputas, fomentando el diálogo y la cohesión social.

Seguridad y convivencia con una visión europea

Contribuir a ciudades donde vivir mejor pasa necesariamente por trabajar con una visión social para mejorar la convivencia en nuestros barriosAdemás, el trabajo transversal es clave cuando hablamos de mejorar la seguridad y la convivencia, ya ninguna de estas dos ámbitos son cuestiones únicamente policiales: a menudo, una gran diversidad de servicios municipales – como los servicios responsables de la convivencia y la seguridad, la limpieza o sanidad, por citar algunos ejemplos – o entidades del tejido asociativo unen esfuerzos para mejorar los entornos urbanos.

Un ejemplo proyecto transversal para mejorar la convivencia en Murcia es Conexiones vitales, que tiene por objetivo principal mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y las ciudadanas y, en general, mejorar los barrios de la ciudad de Murcia donde se perciben necesidades específicas. Desde problemáticas relativas a la vivienda hasta el deterioro de la convivencia, este plan aborda diferentes problemáticas desde un enfoque transversal, de manera que se crean equipos multidisciplinares – los cuales, además, conocen a la perfección el territorio sobre el que intervienen – para abordar mejor los problemas en los barrios.

La proyección internacional de Murcia en materia de seguridad urbana también se ha visto impulsada por su apuesta por la innovación y el trabajo en proyectos europeos. Desde el Departamento de Programas Europeos de la Policía Local de Murcia, la ciudad participa en diversas iniciativas financiadas por la Unión Europea que abordan cuestiones como la lucha contra la radicalización, la protección de infraestructuras sensibles, la seguridad en eventos multitudinarios y la aplicación de nuevas tecnologías en la prevención del delito. Esta apuesta permite a Murcia colaborar con otros cuerpos policiales europeos, compartir experiencias y aplicar estrategias innovadoras para mejorar la seguridad de sus ciudadanos.

¡Únete al FEPSU!

El Fórum Español para la Prevención y la Seguridad Urbana (FEPSU) es una red de ciudades y regiones españolas con el objetivo de promover las políticas públicas de seguridad urbana y convivencia desde un enfoque transversal. En el FEPSU intercambiamos conocimiento y experiencias mediante formaciones, webinars y grupos de trabajo, así como participamos en proyectos prometedores para hacer de nuestras ciudades un lugar mejor.

El FEPSU es el respresentante en España del European Forum for Urban Security (Efus), una red de 250 ciudades y regiones con el mismo objetivo que el FEPSU pero a nivel europeo.

Si como Murcia deseas que tu ciudad o región se una a la única red europea dedicada a la seguridad urbana, la prevención y la convivencia, no dudes en consultar cómo hacerlo o contactarnos en info@fepsu.es.

¡El FEPSU da la bienvenida a la ciudad de Irún!

¡Desde el Fórum Español para la Prevención y la Seguridad Urbana (FEPSU) queremos dar oficialmente la bienvenida a la ciudad de Irún! El pleno municipal de la localidad gipuzcuoana aprobó recientemente la adhesión al Efus y al FEPSU con el firme compromiso de hacer de Irún una ciudad más segura y con la voluntad de compartir experiencias en el campo de la convivencia, una área en la que han trabajado con intensidad en estos últimos años.

¡Acompáñanos a conocer más sobre la acción de Irún en el campo de la seguridad y la convivencia en esta entrada!

Un pacto por la convivencia y la seguridad

Bajo la visión de que las ciudades deben ser «espacios de seguridad, libertad y bienestar», los diferentes partidos políticos del Ayuntamiento de Irún firmaron en el año 2023 el Pacto por la Convivencia y la Seguridad. Este pacto, que pretende definir el marco de actuación en el campo de la convivencia y la seguridad, muestra un claro compromiso en el diseño de políticas transversales para espacios más seguros y prevé un conjunto de medidas que tienen como objetivo hacer de Irún una ciudad con más calidad de vida para sus habitantes.

La cohesión social, los colectivos vulnerables, la importancia de la prevención o un modelo de policía de proximidad con enfoque comunitario son parte de las áreas de actuación que fija el pacto en su última versión, las cuales involucran a los poderes públicos, a la ciudadanía y al tejido asociativo.

Irún, por el civismo

En la misma línea de trabajo en pro de la convivencia, el Ayuntamiento de Irún ha desarrollado distintas líneas de actuación para promover el civismo entre sus habitantes. Hablamos del programa «Irún por el civismo», que comprende un conjunto de acciones que tienen por objetivo conseguir una ciudad «más bonita, limpia y agradable».

Entre las áreas que abarca el programa se hallan la promoción de las normas de convivencia comunitaria, de circulación en bicicleta y patinete eléctrico, entre otras. Además, hacen incapié en las sanciones previstas por acciones concretas que alteran la convivencia.

¡Empecemos a trabajar juntos!

Con la promoción de las políticas de seguridad y convivencia como prioridad, la ciudad de Irún empezará a partir de ahora a trabajar conjuntamente con el resto de miembros del FEPSU para promover una ciudad mejor para sus habitantes. Si tu territorio – ciudad o regón – desea formar parte de la red, no dudes en consultar la información en nuestra web o en contactarnos a info@fepsu.es.

Enlaces de interés

Consulta la notícia sobre la adhesión al FEPSU en la web del Ayuntamiento de Irún

Fuentes:

https://www.irun.org/es/noticias/actualidad-municipal/12152-pacto-por-la-seguridad-y-la-convivencia

https://www.irun.org/es/policia-local-y-convivencia/convivencia-y-civismo/irun-por-el-civismo